La cabeza le daba vueltas, y sobre el cielo lucía un sol de lo más agotador, de esos que prolongan el verano cuando estás incando codos.
Al llegar puso el aire al máximo y un helado en la mano, y mientras criticaba todo lo que vagaba por su cabeza alguna palabra mágica al otro lado del teléfono hizo que ese día tuviera sentido.
Llovía.
El verano había acabado y las primeras gotas dejaban ver un arcoiris especial; especial porque se me antoja a mí.
Ya sí es otoño.
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