A mi padre le encantaba meterse en las profundidades, mi hermana como buena aventurera lo seguía y yo para no ser menos que alguien que tenía menos años que yo iba tras ellos; al final terminábamos las dos encima suya, cada una en un brazo o tirándonos desde sus hombros. Luego mi madre nos hacía señas para que saliéramos del agua y enfadadas por tener que abandonar nuestra diversión tan temprano hacíamos unas cinco volteretas más y nos salíamos. Mi padre cuando conseguía estar sólo, metía la cabeza en el agua y nadaba hacia el infinito.
Escribo esto por dos razones: La primera es porque hecho de menos aquella época y al escribirlo revivo el recuerdo. La segunda es porque ahora al entrar en el agua cuando me veo rodeada de demasiada gente o simplemente estoy harta escondo la cabeza y sin abrir los ojos nado hacia dentro hasta notar que empiezo a cansarme, al ver que estoy lejos de todo el mundo me permito salir y quedarme haciendo el muerto. Lo que más me sorprende es que al mirar siempre veo a mi hermana tumbada sobre el agua unos metros más lejos de la orilla que yo; al final nos juntamos y terminamos jugando las dos.
Pdt: esta tarde me he dado cuenta de que puedo recorrerme la playa ida y vuelta nadando ( 4 km)...¿crees que si sigo nadando llegaré hasta África? ( dicen que solo son 17 km...). Me parece que mañana lo intentaré y si veo que no lo consigo en lugar de hacer el muerto pues me ahogo y me quito del medio, aquí sobro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario